El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que una nueva ronda de conversaciones con Irán podría realizarse en Pakistán en los próximos días, luego de que el primer diálogo entre ambas naciones concluyera sin acuerdos el pasado fin de semana. En declaraciones al diario New York Post, el mandatario señaló que las negociaciones siguen abiertas y podrían retomarse pronto.
Algo podría suceder en los próximos dos días.
Pese a la falta de resultados concretos, Trump aseguró en entrevista con Fox News que la guerra “está cerca de terminar”, una afirmación que ha generado expectativas, pero también escepticismo entre analistas.
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Persisten dudas y desconfianza entre Washington y Teherán
A pesar del tono optimista del mandatario, funcionarios estadounidenses reconocen que aún no existe una agenda clara para un segundo encuentro. De acuerdo con fuentes cercanas a la negociación, las conversaciones “siguen en discusión”, pero no hay nada formalmente programado.
El vicepresidente JD Vance admitió que la relación entre Washington y Teherán está marcada por una profunda desconfianza que no puede resolverse en el corto plazo. Sin embargo, se mostró optimista sobre la posibilidad de alcanzar avances graduales.
Por su parte, el gobierno iraní no ha confirmado ni rechazado las declaraciones de Trump, mientras que Pakistán, señalado como posible sede del encuentro, tampoco ha emitido una postura oficial. Este silencio refuerza la incertidumbre sobre el rumbo inmediato de las negociaciones.
Exigencias nucleares complican un posible acuerdo
Uno de los principales obstáculos en las conversaciones es la exigencia de Estados Unidos de que Irán suspenda su programa de enriquecimiento de uranio durante al menos 20 años. Esta condición ha sido considerada clave por Washington para avanzar hacia un acuerdo de paz duradero. Sin embargo, la propuesta ha generado rechazo por parte de Teherán, que defiende su derecho a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos bajo el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, respaldó la postura estadounidense al señalar que la eliminación del uranio enriquecido es esencial para poner fin al conflicto. Según sus declaraciones, las operaciones conjuntas con Estados Unidos han debilitado significativamente la capacidad nuclear iraní, aunque aún persisten riesgos.
En paralelo, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, subrayó que la duración de cualquier restricción sobre el programa nuclear iraní es, en última instancia, una decisión política.
Presión económica y diplomacia en juego
Mientras avanzan las conversaciones, la Casa Blanca ha intensificado la presión económica sobre Irán. Funcionarios confirmaron que no se renovará la exención a las sanciones petroleras iraníes, lo que podría impactar nuevamente en los mercados energéticos globales. Esta medida forma parte de una estrategia más amplia para debilitar la economía iraní y forzar concesiones en la mesa de negociación. Según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, las sanciones han sido clave para limitar los ingresos del país persa.
En el ámbito diplomático, el canciller iraní, Abbas Araghchi, sostuvo conversaciones con su homólogo de Arabia Saudita, Faisal bin Farhan al Saud, en busca de respaldo regional.
Aunque el diálogo continúa, las diferencias entre las partes siguen siendo profundas. El desenlace dependerá de la capacidad de negociación y de si ambas naciones logran reducir la brecha que hoy mantiene en vilo a la estabilidad internacional.
