La misión Artemis II marca un hito histórico al llevar nuevamente a seres humanos a las proximidades de la Luna tras más de medio siglo. Sin embargo, más allá de la tecnología de propulsión y los sistemas de soporte vital, hay un aspecto cotidiano que requiere una ingeniería igual de compleja: la alimentación. Nutrir a cuatro astronautas en el espacio profundo no solo es una cuestión de supervivencia, sino de equilibrio psicológico y salud física, y en esta ocasión, la gastronomía mexicana ha logrado posicionarse como una pieza clave en la dieta de los viajeros espaciales.
El variado menú que viajará a la Luna
La dieta diseñada por los científicos de la NASA para esta misión de diez días busca romper con la monotonía y garantizar una ingesta calórica óptima. Entre las opciones disponibles se encuentran platos que combinan la practicidad con el sabor terrestre. El menú cuenta con una variada selección de bebidas que incluye café, té verde, batido de mango-melocotón, bebidas de desayuno (chocolate, vainilla y fresa), limonada, sidra de manzana, bebida de piña y cacao.
Entre los platos y alimentos más comunes se encuentran las tortillas, pan plano de trigo, quiche de verduras, salchicha de desayuno, cuscús con frutos secos, ensalada de mango, granola con arándanos, almendras, anacardos, falda de ternera a la barbacoa, brócoli al gratín, judías verdes picantes, macarrones con queso, ensalada de fruta tropical, calabaza de invierno y coliflor.
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Además, disponen de saborizantes como jarabe de arce, crema de chocolate, mantequilla de cacahuete o almendras, salsa picante, mostaza picante, mermelada de fresa, miel y canela; mientras que para el antojo dulce cuentan con pastel, galletas, chocolate, pudin, crumble de frutas y caramelos con almendras.
La tortilla mexicana: la joya de la logística espacial
Si hay un elemento que ha revolucionado la alimentación en el espacio, es la tortilla. A diferencia del pan tradicional, que genera migas que podrían flotar e introducirse en los ojos de los tripulantes o dañar los delicados sistemas electrónicos de la cápsula Orion, la tortilla es estructuralmente estable y no se desmorona.
Este alimento se ha convertido en el sustituto perfecto para sándwiches y acompañamientos. Se llevarán un total de 58 tortillas, las cuáles han recibido una preparación especial para durar el tiempo suficiente de la misión y aún más.
La influencia de los astronautas en su propia dieta
La selección de los alimentos no es una decisión impuesta únicamente por nutricionistas. Los cuatro integrantes de la tripulación, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, han participado activamente en sesiones de degustación previas al lanzamiento. Durante estas pruebas, los astronautas califican el sabor, la textura y el aroma de cada platillo.
Esta participación es crucial porque el bienestar emocional está ligado a la "comida reconfortante". Poder elegir platos que les recuerden a su hogar o que simplemente disfruten comer ayuda a mitigar el estrés de vivir en un espacio confinado y hostil. Por ello, el menú final es una combinación personalizada que refleja los gustos individuales de cada tripulante dentro de los límites de seguridad alimentaria.
Estrategias de conservación: comer sin refrigeración
Uno de los mayores desafíos logísticos de la Orion es el espacio y la energía, lo que impide llevar una heladera o congelador para los alimentos. Por esta razón, la NASA emplea métodos avanzados de conservación que permiten que la comida se mantenga estable a temperatura ambiente.
La estrategia principal es el termoestabilizado, un proceso de calor que elimina microorganismos y permite almacenar los alimentos en bolsas tipo "pouch" flexibles. Otra técnica vital es la liofilización, que consiste en congelar el alimento y luego extraerle el agua mediante vacío. De esta forma, el peso de la carga se reduce drásticamente y el alimento se conserva intacto hasta que el astronauta decide rehidratarlo antes de cenar frente a una ventana con vistas a la Tierra.
