SALUD

Salida de Argentina de la OMS: Verdades, mitos y el impacto en el sistema sanitario

La medida se tomó debido a la cuarentena, el descreimiento en los organismos multilaterales y el alineamiento ideológico con Donald Trump

El presidente Javier Milei había anuncia que Argentina se retiraría de OMS, y ayer ratificó su decisión. Foto: redes sociales
El presidente Javier Milei había anuncia que Argentina se retiraría de OMS, y ayer ratificó su decisión. Foto: redes sociales
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Este 17 de marzo de 2026, Argentina ha concretado un giro histórico en su política exterior y sanitaria al oficializar su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tras cumplirse un año de la notificación formal enviada por la administración de Javier Milei, el país deja atrás más de siete décadas de membresía. Esta decisión ha despertado un intenso debate sobre la soberanía nacional frente a la gobernanza sanitaria global, marcando un precedente en la región.

El motivo de la desvinculación oficial

La razón principal esgrimida por el Ejecutivo radica en una crítica profunda a la gestión del organismo durante la crisis del COVID-19. Para el Gobierno, la OMS promovió políticas de confinamiento que carecían de sustento científico sólido y que vulneraron libertades individuales. Además, se cuestiona el costo financiero de las cuotas de membresía en un contexto de austeridad fiscal y se critica lo que consideran una "agenda ideologizada" que interfiere con las decisiones soberanas de cada nación.

Esta medida se alinea también con la reciente salida de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, consolidando un nuevo bloque de países que prefieren gestionar sus políticas de salud sin la mediación de entes multilaterales.

Lo que significa para el país dejar el organismo

La salida implica el cese de la participación argentina en las asambleas mundiales de salud y en la toma de decisiones sobre protocolos globales. Administrativamente, el país deja de estar obligado por el Reglamento Sanitario Internacional, lo que le otorga libertad para diseñar sus propios estándares de vigilancia epidemiológica.

Sin embargo, a nivel operativo, la desvinculación plantea el reto de cómo acceder a redes de intercambio de datos en tiempo real. La OMS actúa como un radar global de brotes; fuera de ella, Argentina deberá robustecer sus propios sistemas de alerta temprana y dependerá exclusivamente de su capacidad técnica para negociar de forma independiente con laboratorios y otras naciones.

Argentina sale de la OMS, pero se mantiene como miembro de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Foto: Archivo.

Impacto real en el sistema sanitario y la prevención

Uno de los mayores temores reside en la estabilidad de los programas de salud pública que recibían asesoramiento técnico o financiamiento parcial para proyectos de investigación. Aunque el Gobierno ha asegurado que la salud de los argentinos no correrá riesgo, expertos advierten sobre posibles dificultades en la coordinación de campañas de vacunación masiva o en el manejo de enfermedades transfronterizas.

Al no formar parte de la red de suministros coordinados, el país tendrá que gestionar sus propias compras de insumos críticos, lo que podría alterar los costos por falta de economías de escala. El sistema sanitario nacional deberá demostrar ahora que puede mantener estándares de calidad internacional sin la certificación sistemática de la OMS.

Cooperación bilateral: El nuevo camino sanitario

A pesar del retiro, la Cancillería ha enfatizado que Argentina no se aísla del mundo, sino que cambia el método de relación. La nueva estrategia se basa en convenios bilaterales directos con otros países y en el fortalecimiento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de la cual Argentina sigue siendo miembro.

El Gobierno de Milei anunció en febrero de 2025 su decisión de retirarse de la OMS. Foto: Archivo.

 

Este nuevo modelo busca que el país elija sus aliados sanitarios según sus propios intereses estratégicos, promoviendo acuerdos de investigación y desarrollo que no estén sujetos a las normativas de Ginebra. El éxito de este camino dependerá de la solidez de las instituciones locales para validar medicamentos y procedimientos de manera autónoma y confiable ante el mundo.