Una poderosa tormenta invernal mantiene en jaque a amplias zonas de Estados Unidos, donde al menos 20 personas han perdido la vida y cientos de miles de hogares permanecen sin electricidad. El fenómeno, que se extiende desde Texas hasta Nueva Inglaterra, ha provocado temperaturas bajo cero, cancelaciones masivas de vuelos y la declaración de estados de emergencia en varios puntos del país.
Las intensas nevadas y la acumulación de hielo han afectado regiones poco acostumbradas a este tipo de clima extremo. En Mississippi, el gobernador Tate Reeves reconoció la magnitud del evento al señalar que “no hemos visto una tormenta de esta magnitud, en términos de hielo, desde 1994”, una afirmación que refleja la gravedad de la situación.
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Detrás de esta llamada “tormenta Fern” hay un fenómeno atmosférico clave: el vórtice polar. Aunque su nombre suele aparecer cada vez que el frío extremo golpea a Norteamérica, los expertos subrayan que no se trata de algo nuevo. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el término se utiliza desde el siglo XIX para describir grandes masas de aire frío y baja presión que giran sobre los polos Norte y Sur.
Estas corrientes, ubicadas en la tropósfera y la estratósfera, funcionan como una especie de “muralla” que mantiene el aire helado confinado en las regiones polares. Sin embargo, durante el invierno pueden fortalecerse y, en determinadas condiciones, desviarse de su trayectoria habitual.
Cuando el vórtice del Polo Norte se debilita o se “estira”, el aire ártico logra escapar hacia latitudes más bajas. Según la NASA, la intrusión de masas de aire más cálidas puede desestabilizarlo, permitiendo que el frío extremo avance hacia el sur. Al encontrarse con aire templado, se generan frentes de tormenta como los que actualmente azotan a Estados Unidos.
El debate ahora se centra en si el cambio climático influye en estas alteraciones. Algunos científicos sostienen que el calentamiento del Ártico y la pérdida de hielo marino podrían estar “cargando los dados” para que estos eventos extremos ocurran con mayor frecuencia. Otros, en cambio, advierten que aún no hay datos suficientes para establecer una relación definitiva.
