Un ataque violento y aparentemente aleatorio ocurrido en Nueva Jersey, Estados Unidos, ha generado conmoción y reabierto el debate sobre seguridad pública, salud mental e inmigración. Una niña de 8 años resultó gravemente herida luego de que un hombre arrojara una piedra contra un autobús escolar desde un paso elevado de la autopista de peaje, provocándole una fractura de cráneo.
El hecho ocurrió el 7 de enero, cuando el autobús regresaba a la ciudad de Teaneck tras una excursión al Centro de Ciencias Liberty. De acuerdo con las autoridades, el presunto responsable es Hernando García-Morales, de 40 años, un inmigrante indocumentado de origen mexicano con antecedentes penales que se remontan a más de dos décadas.
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Según la investigación, García-Morales lanzó una piedra del tamaño de una pelota de béisbol que impactó directamente contra el vehículo escolar. Dos días después del ataque fue detenido en un campamento para personas sin hogar en Palisades Park, donde habría declarado a la policía que pensó que el autobús “era el diablo o su enemigo”.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que el hombre nunca debió haber ingresado a Estados Unidos, aunque se desconoce cuándo o por dónde cruzó de manera irregular. Sus antecedentes incluyen arrestos por posesión de arma y robo en 2006, así como nuevos incidentes en 2023 por robo, intento de robo y proporcionar información falsa, cargos que posteriormente fueron reducidos por tribunales locales.
Autoridades federales aseguran que, pese a su historial y a ser sospechoso de otros ataques con piedras contra vehículos en 2025, García-Morales no enfrentó procesos de deportación debido a las políticas de estado santuario vigentes en Nueva Jersey. El caso se da en medio de demandas del Departamento de Justicia contra varias ciudades del estado por limitar la cooperación con agencias migratorias federales.
La menor herida, estudiante de tercer grado en la escuela Yeshivat Noam, sufrió una laceración profunda y una fractura en el hueso orbital. Fue sometida a una cirugía en el Hospital Hackensack Meridian, donde médicos implantaron placas de titanio para evitar daños mayores. Actualmente, ya se encuentra en casa y en proceso de recuperación.
García-Morales enfrenta cargos por agresión agravada, resistencia al arresto, posesión de arma, allanamiento ilegal y daños a la propiedad, y permanece recluido en la cárcel del condado de Bergen mientras se resuelve su situación legal. El juez Marc Ramundo señaló que la naturaleza impredecible del ataque representa “un peligro adicional para la comunidad”.
