En redes sociales se ha popularizado una receta sencilla: maicena, agua y, en ocasiones, miel o leche. Se aplica sobre el rostro durante 15 minutos y promete un resultado inmediato: piel mate, poros menos visibles y una textura más uniforme.
Pero, ¿es magia de internet o hay ciencia detrás?
Te podría interesar
Lo que dice la dermatología
Un estudio publicado en International Journal of Cosmetic Science (2016) analizó el efecto de polvos finos a base de almidones naturales sobre la piel grasa.
Los resultados mostraron que este tipo de compuestos tienen una alta capacidad de absorción lipídica, lo que reduce el brillo y mejora la apariencia superficial de los poros.
El almidón de maíz funciona como un absorbente natural de sebo y sudor, además de tener un tacto sedoso que deja la piel con sensación más suave.
Por su parte, la miel frecuente en la versión casera añade propiedades antibacterianas y antioxidantes comprobadas, según un metaanálisis en Pharmacognosy Research (2017).
Esto podría ayudar a prevenir la proliferación de bacterias que agravan el acné y mejorar la hidratación cutánea.
Beneficio real… pero temporal
Los dermatólogos advierten que esta mascarilla no “cierra” físicamente los poros, ya que su tamaño está determinado genéticamente. Lo que sí ocurre es que la reducción del exceso de grasa y la ligera exfoliación óptica hacen que se vean más pequeños.
Es un efecto visual que puede durar algunas horas, pero no reemplaza tratamientos de control de sebo ni el uso de protectores solares y limpiadores adecuados.
La mascarilla de maicena no es un truco milagroso, pero sí una opción económica, segura y respaldada por estudios para quienes buscan un efecto rápido de piel mate y más uniforme. Como toda solución casera, funciona mejor como complemento a una rutina dermatológica profesional.
