Cientos de seguidores, amigos y familiares dieron el último adiós a Francisco Javier "Paco" Silva Flores, fundador y líder de Tropa Colombiana, en un emotivo homenaje lleno de cumbias que se realizó la tarde de este lunes en el General Show Center, en el municipio de Escobedo, Nuevo León.
El ambiente no fue de tristeza absoluta; por momentos, parecía una verbena popular. Las familias llegaron con sus hijos, algunos cargaban pancartas, otros simplemente aplaudían al ritmo de las canciones que marcaron sus propias historias. La entrada fue gratuita y el recinto se llenó de seguidores que corearon temas como "Los caminos de la vida" y "El Gallo Moro".
Fue un mosaico de generaciones: adultos que bailaron estos ritmos en los años 80 y jóvenes que heredaron el gusto por la música colombiana gracias al legado de Silva.
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Los artistas que cantaron en la despedida de Paco Silva
Sobre la tarima, varios músicos se turnaron el micrófono. La Ronda Bogotá puso la cuota inicial de nostalgia, mientras que los integrantes actuales de Tropa Colombiana cerraron el círculo. Uno de los que generó mayor expectación fue Javier López, quien no ocultó su amistad de décadas con el fallecido Paco Silva.
López relató entre canción y canción que solía vivir a solo unas cuadras de Silva en la colonia Independencia. Contó que desde niños compartían el sueño de vivir de la música, una promesa que ambos cumplieron, aunque ahora, dijo, el camino sigue, pero ya no hombro con hombro.
También se escucharon testimonios de proyectos que quedaron en el aire. Campa Valdez confesó entre el público que él y Silva planeaban una colaboración con Armando Palomas.
"Se queda en el tintero esa canción porque Paco era parte fundamental, era el alma de ese proyecto", dijo Valdez, con la voz entrecortada.
Matlachines y una última misa en su barrio
Cuando el homenaje en Escobedo terminó, la caravana emprendió el recorrido final hacia la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en el corazón de la colonia Independencia, el lugar que lo vio nacer. Lo que sucedió ahí fue profundamente simbólico: un grupo de matlachines recibió el féretro con danza y música prehispánica, fusionando dos tradiciones que rara vez se cruzan.
El artista siempre presumió sus raíces populares. Volver a su barrio, en su última despedida, fue interpretado por los asistentes como un guió póstumo: el regreso del hijo pródigo que nunca se olvidó de los suyos.
Posteriormente, se celebró una misa de cuerpo presente. Ahí, entre incienso y oraciones, la familia de Paco Silva recibió el pésame de decenas de desconocidos que, sin embargo, sentían que perdían a un amigo.
El legado de un hombre que desafió los géneros
Originario de Monterrey, Paco Silva desafió los esquemas musicales de su época. En 1984, cuando el ritmo que dominaba la región era otro, él apostó por el vallenato y la cumbia colombiana. No fue fácil, pero su perseverancia creó una escuela.
Al igual que Celso Piña (a quién conoció en vida y fueron muy cercanos) con la vallenata, Silva logró que el norte de México adoptara estos sonidos como propios.
Su muerte ocurrió de manera repentina el domingo. Horas antes, según su equipo de trabajo, todavía estaba planeando nuevos conciertos y un evento benéfico. El infarto no dio tregua.
Ahora, la voz de Paco Silva seguirá sonando en las calles de Monterrey y en cada celebración donde pongan sus canciones. La cumbia, esa que él defendió hasta el final, se encargará de mantenerlo vivo.
