HISTORIAS DE NUEVO LAREDO

Julia García Echavarría: profesora retirada es ejemplo para la comunidad en Nuevo Laredo a sus 101 años de edad

Egresada de la escuela Normal Rural de Tamatán Lauro Aguirre en 1943, abrazó la profesión como suya a lo largo de 49 años

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"Nací el 12 de abril de 1925, cumplí 101 años de edad; mi vida de maestra fue un encanto que aprendí de mi mamá que siempre a los trabajadores del campo que tenía les enseñaba a leer las cuatro principales operaciones y escribir en aquel tiempo, era muy difícil y la gente no estudiaba y eran analfabetas, debíamos ayudar a la gente”, compartió Julia García Echavarría, profesora retirada.

"Mi padre Miguel García Alcocer era de Hidalgo, Tamaulipas, y mi madre Crescencia Echavarría Jasso de Villagrán, fuimos siete hermanos: Bertha, Ana, José Luis, Manuel, luego yo, María Guadalupe y la última María Gertrudis García Echavarría”, dijo.

Conforme se adentraba en la entrevista, la emoción de recordar su vida como docente afloraba de inmediato, egresada de la escuela Normal Rural de Tamatán Lauro Aguirre en 1943, abrazó la profesión como suya a lo largo de 49 años.

“Mi madre, hija de rancheros, nos decía: 'tenemos que hablarles a los trabajadores con respeto, muchachito ajeno'; decía que lo más importante era que supieran leer y que no fueran ajenos a la lectura, así nos inculcó ella y si terminaban bien a tarea les daba un litro de maíz y otro de frijol, así los estimulaba además de su sueldo”, recordó la profesora.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue estudiante, ingresó en 1939 y se recibió en 1943, cuando se abrió el Instituto Federal de Capacitación, entró y terminó el plan de seis años.

Su avidez por el aprendizaje y dar lo mejor de ella no quedo ahí, ingresó a la Escuela Normal Superior de Monterrey y terminó con especialidad de Ciencias Sociales y regresar a seguir como docente, buscando la forma de mejorar para sus alumnos.

“Recuerdo que en ese tiempo no había cuadernos y se utilizaba una pizarra y su madre les ponía una tarea a los trabajadores para que fueran al campo a llevar a las cabras, tenían que estudiar y se metían a bañar, sabiendo tratar al campesino, es bueno”, afirmó.

“Yo como profesora fui incansable, en el rancho donde trabajé los señores campesinos del ejido El Galaneño del municipio de Matamoros, Tamaulipas, no sabían leer y les decía 'vengan del campo, ya que terminen, a cenar, se bañan y los espero a las 7:00 a 9:00 de la noche la escuela y al otro día a las 7:00 de la mañana estaba en la escuela”, manifestó.

Era llegar haciendo la limpieza, hablar con los niños para que se entusiasmaran en el aprendizaje en la comunidad tamaulipeca que parecía estaba olvidada, pronto surgió un cambio radical gracias las propuestas y concejos de la profesora.

“Ya los niños no iban descalzos y si peinados a la escuela, en las actividades escolares había mucha competencia sana y mejoraban en su aprovechamiento, eran grupos grandes en la comunidad, había niños de segundo y otros repitiendo cuarto grado con dieciséis años y a levantarles el ánimo, esa comunidad la levanté”, recordó orgullosa.

Comentó que siempre recibió el apoyo del inspector del plantel Esiquio Mora Navarrete y llevaban a los niños a las comunidades a participar y estaban listos.

“Fue algo muy bonito, tan importante fue así que esa comunidad despertó con mucho deseo de mejorar y los padres ayudaron mucho en la escuela y que tanto había de alegría cuando se abrió la escuela normal rural de la ciudad, fue en ese ejido a 13 kilómetros de Matamoros”, destacó.

Admitió que no solo se concretó a sus actividades como docente, interesada en la mejora integral de sus alumnos y padres de familia, recordó que los señores se paraban en la carretera a esperar un autobús para ir al hospital a la ciudad, algo que la impactó.

“Fui al centro de salud y les dije 'es necesario que envíen a un doctor al ejido', ahí estaba la gente con sus hijos abrazándolos con calentura, ni un médico había, enviaron a un médico y yo le pasé la dirección para que atendiera a los pacientes, le ayudé a inyectar intramuscular, no en la vena”, contó.

Añadió que para recaudar fondos, se organizaban bailes rancheros en el ejido, se colocaban banderitas y los mismos señores eran los guardias, sin pagar a nadie y ese dinero era para pagar el material y realizar mejoras en la escuela y conservarla.

La profesora Julia García salió del ejido y enviada por las autoridades educativas a Matamoros para que fuera a fundar una escuela primaria en la década de los sesentas a la que llamó 'Miguel Hidalgo', ya para ese tiempo era el plan de seis años y llegaban de las comunidades a terminar su instrucción básica”, narró.

Una institución lleva el nombre de Escuela Primaria Julia García Echavarría”, en el fraccionamiento Villa Española en Reina Sofía en la Heroica Matamoros, Tamaulipas, como reconocimiento a su labor educativa.

En Nuevo Laredo trabajó en las escuelas primarias “8 de Mayo” y “Juana de Asbaje”, donde se jubiló, como docente vio la transformación de la educación en el país con las reformas educativas, admitió que siempre se evocó a ellos para que continuaran sus estudios.

“A ellos les inculque a seguir para que vivieran mejor y ayudaran a su familia, eso les inculque a ellos y estar dispuesta a ellos, recordó que cinco alumnos que fueron sus alumnos, siguieron la noble profesión de educar y entraron a la normal.

El pasado viernes 10 de abril, familiares y amigos se dieron cita en el festejo de su aniversario 101, con paso firme y sonriente del brazo de su sobrina Berenice.