RECUERDOS DE LOS 90

¿Por qué el refresco en bolsita fue tan popular en México y cómo empezó a desaparecer?

Durante décadas, esta forma de tomar bebidas gaseosas marcó la vida diaria en barrios, escuelas y pueblos de México; un método barato, práctico y presente en la infancia de millones, antes de ir desapareciendo poco a poco

Los años en los que el refresco se tomaba en bolsita para llevar
Los años en los que el refresco se tomaba en bolsita para llevarCréditos: internet
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En los años ochenta y noventa, el refresco en bolsita, fue una escena habitual en México. En tienditas de la esquina, puestos ambulantes y mercados sobre ruedas, los vendedores vaciaban refrescos como Coca-Cola, Pepsi o marcas locales en pequeñas bolsas de plástico, las amarraban con un nudo y colocaban un popote.

El producto se ofrecía a menor precio que una botella completa y era fácil de llevar, lo que lo volvió popular entre niños y familias de bajos recursos. El refresco en bolsita se convirtió en parte del paisaje cotidiano y en uno de los símbolos más reconocibles de la infancia de esa época.

La nostalgia del refresco en bolsita

El origen de esta práctica se remonta a los años ochenta, cuando las bebidas carbonatadas ya dominaban el consumo nacional. Vender el refresco en bolsita permitió ofrecer porciones pequeñas a precios accesibles, sin necesidad de comprar o devolver botellas de vidrio retornables.

Para muchos comercios pequeños, era una solución sencilla que respondía al bolsillo del cliente y a la dinámica del barrio.

El refresco en bolsita

La verdadera explosión llegó en los años noventa. En zonas rurales y colonias populares, el refresco en bolsa era común a la salida de la escuela, durante las tardes calurosas o en los tianguis de fin de semana.

Su éxito se debía a varios factores: era más barato, evitaba cargar envases pesados y no exigía pagar el costo completo de una botella. Antes de los ochenta, esta modalidad era poco frecuente, ya que el mercado estaba dominado casi por completo por envases de vidrio retornables.

Botellas de plástico PET desbancaron al refresco en bolsita

Hacia finales de los noventa y principios de los dos mil comenzó el declive. La introducción masiva de botellas de plástico PET cambió el panorama. Entre 1997 y 2000, las grandes refresqueras impulsaron presentaciones de 600 mililitros, un litro y dos litros, más ligeras y sin retorno.

Empresas como Coca-Cola FEMSA y Pepsi apostaron por este formato, que redujo la necesidad de fraccionar el refresco en bolsas para venderlo en pequeñas cantidades.

Vender el refresco en botellas de plástico se hizo negocio

Al mismo tiempo, el modelo de negocio cambió. Las compañías ofrecieron refrigeradores, exhibidores y descuentos a las tienditas, a cambio de vender botellas completas y, en muchos casos, respetar acuerdos de exclusividad. Para los comercios, vender el refresco ya envasado resultaba más rentable y sencillo de controlar que servirlo en bolsas.

Otro factor fue el endurecimiento de las reglas sanitarias. Aunque nunca existió una prohibición nacional explícita contra el refresco en bolsita, las autoridades comenzaron a vigilar con mayor rigor la manipulación de alimentos y bebidas.

El envase pet desplazó a la venta de refresco en bolsita

Dependencias como COFEPRIS y gobiernos municipales consideraron que llenar bolsas a mano implicaba riesgos de contaminación. Con normas de higiene más estrictas, especialmente a partir de los años 2000, muchos vendedores fueron sancionados o dejaron de ofrecer el producto.

El refresco en bolsita aún sobrevive en pequeñas comunidades

A esto se sumaron campañas contra el consumo de bebidas azucaradas, impuestos al refresco y el etiquetado frontal de advertencia. Aunque estas medidas no se dirigieron específicamente al refresco en bolsa, sí influyeron en la reducción general del consumo y en la preferencia por presentaciones reguladas.

Hoy, el refresco en bolsita no ha desaparecido del todo. Aún se encuentra en algunos pueblos pequeños, zonas rurales del sur y sureste del país, como en partes de Chiapas, Oaxaca, Veracruz o Guerrero. Sin embargo, su presencia en ciudades grandes es casi inexistente desde hace 15 o 20 años.